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viernes, 10 de octubre de 2014

Meditación Vipassana


Hay cientos de métodos de meditación pero quizás la vipassana tiene un status único.
Del mismo modo que ha habido miles de místicos, pero Siddharta Gautama el Buda es una singularidad en sí mismo.
Ésta es la meditación a través de la cual Buda se iluminó.
La palabra vipassana, en pali, significa "mirar", "observar", "ver".

Siddharta Gautama el Buda escogió una meditación que puede ser llamada la meditación esencial.
Todas las demás meditaciones son diferentes formas de observación, pero "el observar" está presente en toda clase de meditación como una parte esencial; no puede ser omitido. Buda ha suprimido todo lo demás y se ha quedado sólo con la parte esencial: "el observar".

Hay tres pasos en la observación:

1. El primer paso en la meditación vipassana es observar los actos del cuerpo.
Buda es un pensador muy científico. Cualquier método científico empezará siempre por lo más simple.
Empieza con el cuerpo, porque es lo más fácil de observar.
Es fácil observar mi mano moverse, alzarse. Puedo observarme a mí mismo paseando por la calle, puedo observar cada paso mientras camino. Puedo observar cuando estoy comiendo, etc.
Mientras se observa el cuerpo, te asombrarás con nuevas experiencias. Cuando mueves la mano observando, estando alerta, conscientemente, notarás una cierta gracia y un cierto silencio en esa mano.

Buda acostumbraba a pasear tan despacio que muchas veces le preguntaban porqué andaba tan lentamente. El decía, «Es parte de mi meditación. Siempre caminar como si estuvieras adentrándote en un río de agua fría en invierno; despacio, alerta, porque el agua del río está muy fría; alerta porque la corriente es muy fuerte; observando cada uno de los pasos porque puedes resbalar con las piedras del río».
El método es siempre el mismo, sólo el objeto cambia con cada paso.

2. El segundo paso es observar la mente.
Ahora puedes moverte en un mundo más sutil: observa tus pensamientos.
Si has sido capaz y has logrado observar el cuerpo no va a haber ninguna dificultad.
Los pensamientos son ondas sutiles, ondas electrónicas, ondas de radio, pero son tan materiales como tu cuerpo. No son visibles, como tampoco el aire es visible, pero el aire es tan material como las piedras. Así también son tus pensamientos, materiales pero invisibles.

Este es el segundo paso, el paso medio. Te estás moviendo hacia la invisibilidad, pero todavía es material, observa tus pensamientos. La única condición es no juzgar. No juzgues, pues en el momento en que empieces a hacer juicios te olvidarás de observar.
No hay antagonismo en contra de hacer juicios. La razón por la que no hay que juzgar es porque en el momento en que empiezas a juzgar, dejas de observar, empiezas a pensar y te involucras en tus pensamientos.
No te conviertas en un participante, ya sea para adular, o para valorar, o para condenar. No debes de adoptar ninguna actitud respecto a lo que está pasando en tu mente.
Hemos de observar los pensamientos como si fueran nubes pasando por el cielo. Sin hacer ningún juicio sobre ellas. Las nubes no son ni malas ni buenas, simplemente son nubes.
Lo mismo ocurre con los pensamientos, son sólo una pequeña onda pasando por tu mente.

Observa sin enjuiciar y te encontrarás con una gran sorpresa. A medida que tu observación se va asentando, los pensamientos vendrán en menor número. La proporción es exactamente la misma: si estás al cincuenta por ciento de tu capacidad de observación, el cincuenta por ciento de tus pensamientos desaparecerá. Si estás al sesenta por ciento, entonces, sólo el cuarenta por ciento de tus pensamientos estará ahí. Cuando eres el noventa y nueve por ciento, puro observador, sólo de vez en cuando habrá un pensamiento solitario, un uno por ciento, pasando por tu mente. El tráfico habrá desaparecido.
Cuando estés al cien por cien, sin enjuiciar y siendo sólo un observador, entonces te conviertes en un espejo, porque un espejo nunca juzga. Si una mujer fea se mira en él, el espejo no hace ningún juicio. Si una mujer hermosa se mira en él, para el espejo no hay diferencia. Si nadie se mira en él, el espejo es tan puro como cuando alguien se refleja en él. No lo mueve ni el reflejo ni el no-reflejo. El observar se convierte en un espejo.

Este es uno de los grandes logros de la meditación. Has recorrido la mitad del camino y ésa es la parte más difícil. Ahora sabes el secreto y el mismo secreto debe ser aplicado a diferentes objetos.
De los pensamientos debes moverte a experiencias más sutiles: emociones, sentimientos, estados de ánimo; de la mente al corazón, con la misma condición: sin juzgar, sólo observando. Y la sorpresa será que la mayoría de las emociones, sentimientos y estados de ánimo te poseen.
Cuando estás triste, estás poseído por la tristeza. Cuando estás enfadado, no es algo parcial, te llenas de furia; cada fibra de tu ser está palpitando con furia.

3. El tercer paso es observar el corazón.
Mirando el corazón, la experiencia será que ahora nada te posee. La tristeza viene y se va, tú no te pones triste. La felicidad viene y se va, tú no te vuelves feliz tampoco. Todo aquello que se mueve en las profundas capas de tu corazón, no te afecta a ti para nada.
Por primera vez empiezas a probar algo de lo que es ser un Maestro. Ya no eres más un esclavo, al cual se puede empujar y tirar de aquí y de allá, al que cualquier emoción y cualquier sentimiento, al que cualquiera puede molestar por cualquier trivialidad.

Cuando te conviertes en un observador del tercer paso, te convertirás por primera vez en un Maestro. Nada te molesta, nada se apodera de ti; todo quedará lejos, muy abajo, y tú estarás en la cúspide de la montaña.

Estos son los tres pasos del vipassana. Los cuales te llevan a la puerta del templo, que está abierta.
Cuando te has convertido en un perfecto observador de tu cuerpo, de tu mente y de tu corazón, entonces ya no puedes hacer nada más; entonces debes esperar.

Cuando la perfección es completa en estos tres pasos, el cuarto paso sucede por sí solo como recompensa. Es un salto cuántico del corazón al Ser, al centro mismo de tu existencia. Tú no puedes hacerlo; sucede.
No intentes darlo, porque si intentas dar este paso, ten por seguro que fracasarás. Es un suceso.
Tú preparas tres pasos, el cuarto paso es una recompensa de la existencia misma; es un salto cuántico. De repente, tu fuerza vital, tu observación, entra en el centro mismo de tu ser. Has llegado a casa.
Puedes llamarlo Autorrealización, puedes llamarlo Iluminación, puedes llamarlo Ultima Liberación, pero no hay nada más allá de esto. Has llegado al final de la búsqueda; y has encontrado la verdad misma de la Existencia y el gran éxtasis que trae como sombra alrededor de sí.

Meditación no es trabajo. Meditación es puro éxtasis.
A medida que vas más hacia adentro, te encuentras con espacios más y más hermosos, puntos más y más luminosos. Son tu tesoro. Silencios más y más profundos que no son solamente la ausencia del ruido, sino la presencia de una canción sin sonido: musical, viva y danzarina.

Cuando llegas al último punto de tu ser, al centro del ciclón, has encontrado a Dios; no como una persona, sino como luz, como consciencia, como verdad, como belleza, como todo lo que el hombre ha estado soñando durante siglos. Y estos tesoros soñados están escondidos en tu interior.

No es una práctica problemática, tortuosa, ascética; es muy agradable, musical, poética y se convierte más y más, en una pura alegría. No es trabajo, es oración, la única oración que conozco.
Para mí, oración significa que has alcanzado tu Ser, que sientes una tremenda gratitud hacia la existencia. Esa gratitud es la única y auténtica oración; todas las demás oraciones son ficticias, falsas, pseudo-fabricadas. Esta gratitud emergerá de tu interior como una fragancia saliendo de las rosas.

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